miércoles, 14 de abril de 2010

"Agrandar la Cancha"


Más temprano que tarde regirán en nuestro país, en toda su dimensión, los valores irrenunciables de la libertad y democracia sindical, actualmente cercenados por el poder político y económico. Censura que solamente ha sido horadada por los fallos de la Corte Suprema de Justicia de la Nación.


A nuestro juicio, no se trata de poner límites al monopolio sindical. Directamente no debe existir el unicato sindical si se acata lo que establece el art. 14 bis de la Constitución Nacional, los tratados internacionales, como el Convenio 87 de la OIT y los recientes fallos de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, en materia de libertad y democracia sindical.


Por otro lado, y frente al gastado latiguillo de que la existencia de más de una central de trabajadores o la multiplicación de representaciones sindicales en una actividad productiva, de servicios o comercial, hay que decir una vez más que es todo lo contrario.

En la actualidad la CGT representa aproximadamente a 3.000.000 o poco más de trabajadores y la CTA a casi 1.600.000, pero no son suficientes ambas centrales sindicales para contener una masa crítica de aproximadamente 15.000.000 de trabajadores precarizados e impedidos de organizarse libre y democráticamente.

Entonces, ¿de qué atomización estamos hablando si la inmensa mayoría de los trabajadores no está sindicalizada y es víctima de fraude y precarización laboral?

El viejo modelo sindical conlleva una pérdida de legitimidad o representatividad como resultante de un esquema normado por la Ley 23551 de Asociaciones Sindicales, que cercena la libertad de los trabajadores para elegir en forma directa y democrática, la organización sindical que mejor los represente.

Si el Congreso Nacional impulsase la modificación parcial de la ley mencionada, los trabajadores lograríamos un gran avance en dotar de representación, comisiones internas y cuerpos de delegados en los lugares de trabajo lo que claramente promovería más altos niveles de conciencia y organización para disputar las ganancias a las empresas.

Es claramente evidente que el poder estatal y privado, desalienta la organización de los trabajadores.

En el Estado nacional y provincial conviven diversas organizaciones sindicales que agrupan a los trabajadores estatales, sin que se generen inconvenientes derivados de esta pluralidad representativa.

No obstante, el Ministerio de Trabajo de la Nación obstaculiza la formación de nuevos sindicatos, negándole no sólo la personería gremial, sino su simple inscripción como tales.

Cabe destacar que los trabajadores del sector privado son los más perjudicados por esta metodología que adopta la autoridad de aplicación.

La próxima visita de una delegación de la OIT a nuestro país para monitorear en vivo y en directo la falta de vigencia de libertad y democracia sindical en la Argentina, y tomar cartas en el asunto a partir de las 82 observaciones que realizara recientemente al accionar del Gobierno Nacional en esta materia, abre una perspectiva interesante para que empiece a revertirse cabalmente esta situación y se modifiquen leyes y prácticas anacrónicas que sólo sirven a los grupos de poder y al sindicalismo empresarial para disciplinar a los trabajadores y desactivar el consiguiente conflicto social.