jueves, 8 de abril de 2010

"La carcel común para los genocidas es lo unico que nos dará un poco de paz para seguir adelante"


Respecto de la desaparición del periodista Eduardo Ramos y de su esposa, Alicia Cerrota, marcaron una nueva jornada del juicio que se lleva a cabo por los delitos de lesa humanidad cometidos en la ex Jefatura de Policía, en el Tribunal oral federal en la provincia de Tucumán.
Pedro César Ramos, padre de Eduardo, contó que tiempo después de la desaparición de su hijo y nuera Alicia Cerrota, en noviembre de 1976, a través de sus consuegros se enteró de que Alicia, en ese momento, estaba con cuatro meses de embarazo. Esto coincide con las declaraciones del testigo Juan Martín Martín quien aseguró que en su paso por la ex Jefatura supo que ambos (Eduardo y Alicia) estuvieron allí en cautiverio, y que la mujer estaba embarazada con siete meses.


Por este motivo Pedro Ramos, quien también fue periodista, opinó que seguramente “después de que nació mi nieto o nieta, que todavía estoy buscando, los mataron”.

El testigo en ese entonces era jefe de prensa del senado provincial, al momento de asumir Bussi al poder lo trasladaron al área de ceremonial de Casa de Gobierno, “allí pude ver que todos los días a las 7 de la mañana Bussi recibía en su despacho a Zimmerman y Albornoz”.

También comentó que Eduardo le dijo que sufría persecuciones por parte de Barrionuevo, un personaje puesto por el gobierno de facto, citado por otros testigos y seguramente hoy lo volverán a nombrar.

Para Patricia, el recuerdo de su hermano, junto a la tristeza de su ausencia también le aporta el orgullo de su recuerdo. “Es que a Eduardo lo mataron porque no era un periodista cualquiera. Tenía un compromiso con la verdad y la vida y no buscaba espacios de poder. Para su edad, era muy valiente por lo que terminó siendo un estorbo. Incluso, subía al cerro a registrar los operativos y nadie le decía cómo hacer su trabajo”.

En igual sentido, su padre relató cómo aquel estudiante de filosofía se animó a rechazar una orden por parte de las autoridades de Canal 10 -designadas por el genocida Antonio Domingo Bussi- tendiente a montar una escena de un falso combate en los cerros “con el objeto de sembrar cadáveres de la gente que mataban por la noche”, recordó.

“Desde que se llevaron a Eduardo tuve que poder elaborar todo para poder vivir. Lo buscaba y no estaba. Veía los informativos para ver si aparecía. Hoy tengo 47 años y recién me estoy recobrando. Nunca podremos elaborar nuestro duelo por lo macabro que fue todo. Por eso les pido justicia a los jueces; la cárcel común por genocidio y delitos lesa humanidad. Nuestra vida tendrá algo de paz para seguir adelante”, reclamó Patricia quien viajó desde Neuquén para oficiar de testigo a pedido del abogado querellante Bernardo Lobo Bugeau

“Cuando fuimos al domicilio nos encontramos con las puertas destruidas. Se habían llevado todos lo muebles y efectos personales. No dejaron nada fue un despojo”, describió también en calidad Pedro César Ramos, padre del joven desaparecido a la edad de 21 años.

Lo que sucedió luego fue el lógico calvario de una búsqueda que desafiaba lo que mejor sabía hacer el aparato represivo estatal de ese entonces: desaparecer personas. Denuncias en la seccional 13º de Policía y un recurso de hábeas corpus presentados aquel día ratificaron la trágica incertidumbre ante la ausencia de órdenes de detención alguna.