A los compañeros

A todos los que alientan, critican, aportan y mantienen vivo el debate de ideas para que sigamos tratando de explicar lo que nos pasa desde nosotros mismos, sin esperar que los exegetas del sistema se pongan a interpretar los logros y penurias de los trabajadores.

A los compañeros que no se resignan, que pelean, se organizan y dan testimonio cotidiano de la disputa por la renta con los grupos de poder.

A los trabajadores de la ciudad y el campo, del sector público y privado, en actividad, jubilados, desempleados, cuentapropistas, formales, tercerizados, en “negro” o autogestionarios que, pese a todas las dificultades y contradicciones, siguen creyendo y apostando a que su puesto de lucha y realización está en la CTA.

A los jóvenes, que están pidiendo pista para protagonizar este nuevo tiempo. A los viejos, que viven dando testimonio de resistencia y dignidad. A las Madres de Plaza de Mayo, símbolo de la lucha por la justicia y la libertad. A los que ya no están, a los que vendrán para seguir sembrando la semilla de un futuro con pan, trabajo y felicidad. A los Chicos del Pueblo, que siguen denunciando que el hambre es un crimen.

A los que descreen de la neutralidad con la que disfrazan su discurso manipulador los que mandan.

A los miles de militantes de todos los rincones del país que participaron en Mar del Plata del Congreso Nacional Federal el 23 y 24 de marzo. A los que le pusieron el cuerpo a esa asamblea multitudinaria para debatir la Central que necesitamos para la próxima década, haciéndolo como lo hacemos los trabajadores: de cara a los compañeros, fraternalmente, en primera persona, apuntando al porvenir, re asegurando la unidad de clase, sin conceder ninguna tregua en la lucha contra los grupos oligárquicos.

A los que se preguntan: ¿qué moviliza a un compañero de Santa Cruz, Jujuy, Formosa, Tierra del Fuego, Córdoba, Tucumán, Mendoza, o cualquier otro sitio a armar el bolso y subirse a un ómnibus para viajar largas horas –en algunos casos días enteros- para asistir a un congreso, a una movilización, a un corte de ruta o un acto?, ¿cuál es la razón de disponer de días de descanso o feriados de fin de semana largo para elegir esta opción en lugar de dedicarse a pasear o simplemente descansar en su casa? ¿por qué ese estado de agitación y expectativa que se va manifestando en los momentos previos a cualquiera de esas citas?, ¿dónde está el secreto de tanta energía colectiva, de tanto entusiasmo? La voluntad de ser CTA, la pasión militante, la sensación de que estamos demostrando, una vez más, nuestra infatigable capacidad de reinventarnos, la perspectiva del reencuentro con lo mejor de nosotros, el sentimiento de que estamos protagonizando un nuevo tiempo. He allí un módico intento de respuesta a tantos interrogantes.

A los que ratifican en la práctica cotidiana nuestra decisión de profundizar un nuevo modelo de organización de la clase trabajadora basado en la autonomía de los patrones, los gobiernos y los partidos políticos. Autonomía que no es neutralidad. La neutralidad no existe. Peleamos todos los días para terminar con este sistema injusto y violento. Tenemos muy en claro al enemigo de clase. Apostamos a que, más temprano que tarde, y como dice la vieja canción de la Guerra Civil española, “la tortilla se de vuelta/ que los pobres coman pan/ y los ricos mierda, mierda”.

A los que no se dejan seducir por los cantos de sirena de los profetas del posibilismo, y siguen remando todos los días para poner de pie un nuevo Movimiento Político, Social y Cultural de Liberación.

A los que luchan por una Democracia Participativa, la Soberanía sobre nuestros Bienes Naturales, una justa Distribución de la Riqueza y la Integración Latinoamericana.

A los que bregan por la Emancipación Nacional.

A los que están convencidos de que es posible recuperar un proyecto colectivo de cuño antiimperialista que vuelva a proveer el bienestar del pueblo y la grandeza de la Nación.

A la memoria de nuestros compañeros caídos en la larga lucha por la liberación nacional y social de nuestra Patria.

A los caminantes que militan casa por casa, barrio por barrio, ciudad por ciudad la convocatoria hacia una Constituyente Social en la Argentina.

A los que siguen creyendo que otro país es posible.

A los trabajadores de todos los oficios, generadores de la riqueza de las naciones, que enaltecen la condición humana y no se resignan a habitar un mundo diseñado para unos pocos.

A los compañeros que han decidido transformar el voluntarismo heroico de la resistencia de los ’90 en la voluntad política para ganar y no para defenderse y construyen protagonismo social para gobernarnos.
A los que piensan y accionan en clave de futuro. A 35 años del golpe de Estado que demolió el Estado de Bienestar e implantó a sangre y fuego el modelo neoliberal. A 20 años del “Grito de Burzaco”, nuestro manifiesto fundacional como Central de trabajadores que llegó para quedarse e impugnar el “unicazo” sindical. A diez años de la Consulta Popular del Frente Nacional contra la Pobreza, donde más de tres millones de compatriotas votaron a favor de un shock redistributivo. A tres años del Primer Encuentro Nacional hacia una Constituyente Social en Jujuy. A poco más de un año de haber plebiscitado nuestro proyecto político en las urnas y de haber ganado las elecciones de la Central de Trabajadores de la Argentina, estamos legitimando y haciendo explícita una estrategia de construcción de poder popular.

A los que defienden, pregonan y ejercitan la libertad y democracia sindical.

A todos ellos, ¡Felices Fiestas!