jueves, 27 de diciembre de 2012

La discusión no es si llevaban un plasma o un pan dulce * Por Horacio Meguira

La pregunta que muchos nos hacemos es: ¿Qué está pasando con los saqueos? ¿Quiénes son los que los protagonizan? ¿Existe una dirección de las acciones, o simplemente responde al impulso de grupos que espontáneamente se lanzan a robar, sin ningún tipo de intencionalidad política?


Demás esta decir, lo ridículo de las acusaciones de Juan Manuel Abal Medina y Sergio Berni al adjudicar la autoría intelectual de los hechos a la CGT y a la CTA. Ayer fue Pino Solanas, el Partido Obrero, Rubén “Pollo” Sobrero y hoy nos tocó a nosotros ser el chivo expiatorio de la impotencia y desidia social del Gobierno.
Personas que en la vida diaria no son tomadas en cuenta ni por los medios, ni por la llamada “opinión pública”, salieron de sus “villas” o barrios e irrumpieron en “lo público”. Todos sabemos de la existencia de estos grupos. Están en parte de nuestra esfera de conocimiento, también están en la estadística y los hombres políticos hablan de sus necesidades. Pero otra percepción es cuando son sujetos e irrumpen en “la política”, salen del control clientelar con o sin dirección y se expresan en acontecimientos colectivos y público. La preocupación del Gobierno es que irrumpieron masivamente y la opinión pública se re-enteró de su existencia. No es un robo o un asesinato a un ciudadano, no son hechos que le pasan a “otros”, esto nos pasó a todos. Es público, y por ende político, condiciona y molesta a los poderes reales, sobre todo porque aparece a la luz lo que permanecía oculto y nos recuerda a todos la “miseria”, la opresión y la indigencia, al semejante que padece y sufre.

Pero los “alcahuetes” del poder adjudican, justifican, acusan con total impunidad. Son marionetas que cumplen un papel en el escenario político: la distracción de la opinión pública y la trasferencia de la responsabilidad que les es inherente como administradores del Estado.

El oficialismo arma su propio discurso, y uniformemente sale a los medios a dar explicaciones, su propia interpretación distorsionada de dichos acontecimientos.

La conferencia de Hugo Yasky tuvo como única finalidad decir que no se trataba de una situación igual a la de 2001. En el mismo sentido, Luis D’Elía repartió, como si fuera un mazo de cartas, responsabilidades a los “enemigos”. No dijeron una palabra del hambre y las penosas condiciones de vida de los que hasta ayer eran el “nuevo sujeto de la historia”. Comentario aparte merece el reportaje en el diario La Nación al diputado Héctor Recalde, que a fin de transferir la responsabilidad a los pobres, habla de que se robaban objetos de valor en lugar de alimentos.

Cada vez que los desposeídos salen a la calle masivamente, hay razones políticas. No es relevante si son “arreados” o si los lanzan al robo, o los dirigen como robots. Cuando los “excluidos” incendiaron coches en París eso daba cuenta de la desocupación y de la inmigración marginada por las sucesivas crisis, el resto de la sociedad les advirtió que fueron “desechables” una vez utilizados como mano de obra barata, nadie hizo hincapié en si eran o no grupos organizados.

No me cabe duda de que el mensaje que se pretende ocultar es que se va acabando la etapa de “inclusión social”.

Muchos sectores habían “quedado afuera” de la creación de empleo en el 2003-2007; desde entonces y en forma creciente, muchos que accedieron a la formalidad vuelven a la marginación. La pérdida de puestos de trabajo y la falta de creación de nuevos empleos son ya inocultables.

Se pretende disimular que los planes sociales son ya insuficientes, o han perdido valor, y que ya no sirven como contención de los excluidos. Hay una nueva pobreza asalariada que ha vuelto a los barrios precarios porque no puede sostener los standards que alcanzaron con el empleo formal, hay déficit de vivienda, de transporte, de agua potable. Todo esto es el debate real. Lo demás es puro humo, es secundario si quienes corrían con la cara tapada escapando de las cámaras o de las balas, llevaban en sus brazos un plasma o un pan dulce.



FUENTE: www.agenciacta.org